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Diez Años Y Una Zanahoria, las vicisitudes de Standstill (II)

Blogs | 22/11/2008
Las imágenes de Diez Años Y Una Zanahoria (2008) continúan todavía frescas en mi memoria. Reconozco que han sido ya dos las ocasiones en las que he estado tentado de visionarlo y todavía no logro salir de mi asombro. La idea de sacrificio y lucha que han pretendido transmitir Standstill llega a calar realmente hondo.
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Diez Años Y Una Zanahoria
Standstill
Standstill
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Standstill
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Sirvan estas nuevas líneas a modo de reflexión previa. Si bien había tenido noticias sobre el lanzamiento de Diez Años Y Una Zanahoria (2008), ya que por cuestiones del Magazine estamos suscritos a la lista de correo de Standstill, y a pesar de ser uno de los pocos nostálgicos que todavía se acerca hasta un FNAC días después de la salida de un disco como VivaLaGuerra (2006) simplemente para comprarlo, reconozco que tras ver el documental he podido disfrutar algo más que antes de su música y de sus trabajos, los cuales estaban ya cogiendo algo de polvo en las estanterías.

Y sí, lo digo bien alto, dos años después he podido redescubrir un poco más su álbum VivaLaGuerra (2006), el cual me costó mucho digerir en su momento, quizás porque en lo personal buscaba y esperaba algo más lleno de energía y rabia que un largo paseo cargado de intensas emociones contenidas. Ahora viéndolo desde otra perspectiva me doy cuenta, aún más si cabe, de lo complicado que es llegar a cautivar a los oyentes incluso teniendo bajo el brazo un puñado de buenos temas, una más que trabajada trayectoria a las espaldas y sobre todo un nombre ya hecho.

Precisamente todo eso es lo que me hizo que acabará dejando de lado el mundo de la música, mi guitarra acústica, mis canciones, todo ello cerrado bajo llave con la absurda esperanza de que nunca pueda arrepentirme y echarlo de menos. Al final claro, toda esa pasión mutó en este Webzine, con el que poder seguir vinculado de algún modo al mundo de la música. Pero no me extenderé más en cosas personales que no vienen al caso, ¿o sí?.

Volviendo a Standstill, y volviendo a las reflexiones del blog, mientras escucho de fondo VivaLaGuerra (2006) y rememoro las imágenes de Diez Años Y Una Zanahoria (2008), me doy perfecta cuenta de lo que significa evolucionar, buscar una identidad, una esencia en el mundo de la música, eso si es que todavía no lo había podido sentir ya en mis propias carnes. Pero ya se sabe que no hay nada como ver las cosas desde la comodidad de un sofá para sacar nuevas conclusiones a lo que ya se ha vivido con anterioridad.

Me quedé realmente sorprendido al ver las primeras escenas del documental, con los chicos dando sus primeros pasos. Unos inicios demasiado familiares para mi y para mi ego de músico ya a la sombra. Los primeros Standstill parecían destilar un sonido Post Grunge que me recordaba, y quizás sea hilar muy fino tras ver unas breves imágenes, a un trío como Silverchair, una de esas bandas que precisamente también ha perseguido con fuerza el descubrir su propia identidad.

Pero más sorprendente resulta aún su mutación hacia el Hardcore más extremo y crudo, en un tiempo en el que o estabas muy metido en el mundillo o estas corrientes te pasaban de largo, y lo digo con conocimiento de causa. Un subgénero y una escena que resulta bastante agradecida, ya se sabe, pequeñas audiencias, gente totalmente entregada, muy implicada con la música venga de donde venga. Pero para un grupo con grandes expectativas e inquietudes como Standstill supongo que el mundo del Hardcore pronto se les quedaría pequeño.

De hecho cuando los conocí y empecé a escuchar, ya se hablaba de ellos como de los pioneros del Emocore en nuestro país. Es el poder de la prensa musical acostumbrada a etiquetar, ensalzar, elevar, hundir y castigar sin remordimientos a todo lo que se cruce por delante. Pero Standstill siempre han tenido una buena acogida por parte de los medios, y de ahí que se llegaran a realizar afirmaciones semejantes, las cuales ni discuto ni tampoco suscribo. Y es que soy más de etiquetar para ubicar en un espacio temporal que para definir un estilo o un sonido en concreto.

Porque luego pasa lo que pasa, que una banda no para de evolucionar y o los que les siguen tienen las ideas muy claras, o te acabas creyendo que al final te han acabado por traicionar abandonado el sonido que a tí personalmente más te gustaba. Los cambios bruscos experimentados por las bandas nunca son bien recibidos por todos, y si algo han tenido Standstill han sido infinidad de giros, de mutaciones y de vueltas de tuerca hacia la consecución de una identidad propia. Algo que creo que es vital para el buen funcionamiento de una banda.

Así Standstill llegan, evolucionan, mutan hasta alcanzar el sonido de VivaLaGuerra (2006), a golpe de cambio, de esfuerzo, de lucha. O al menos, insisto en esto, es como ellos nos lo muestran y nos lo cuentan en su documental Diez Años Y Una Zanahoria (2008). Y a mi no me queda otra ahora que quitarme el sombrero y descubrirme ante su esfuerzo, su empeño y su infatigable perseverancia. Independientemente de los gustos de cada uno, de las preferencias, de las erróneas primeras impresiones, de las segundas escuchas, Standstill siempre han perseguido su sueño y quizás su propia inconformidad les haga creer que todavía no lo han alcanzado.

Resulta curioso como todos los que habían abandonado poco a poco el barco de Standstill, y cuya presencia e impresiones también quedan elegantemente plasmadas en el documental, todos coincidían en lo importante que había sido la experiencia, el camino, lo vivido con la banda. Algo que no eres capaz de ver, de disfrutar, de entender cuando estas viviendo la música continuamente, en tu día a día y además en primera persona.
para Todas Las Novedades
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