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Musikeo en Ribadeo

Playa de Os Castros
Crónicas | 26/08/2010
Musikeo (Ribadeo 06 y 07/08/2010)
Para la nueva edición del Musikeo se contaba con un recinto espectacular, con grupos de una calidad contrastada y con mucha ilusión. Y a pesar de todo, la acogida no fue la esperada. Una apuesta que bien merecía la pena, y los pocos que nos dimos cita allí damos fe de ello.
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Gansos Rosas
Nothink

VIERNES 6 Agosto

Desde la organización, vendían que las inmediaciones eran inmejorables, y que el entorno no le iba a la zaga. No les faltaba razón. Para esta nueva edición del Musikeo, de entrada, las instalaciones, el lugar en sí, y (más importante aún), los grupos, eran un reclamo a tener en cuenta. Por desgracia, no siempre los esfuerzos se ven recompensados con una buena acogida. Para el primer día del festival, solo unas 300 personas se darían allí cita.


Los encargados de calentar motores al primer día, y por lo tanto, al festival en sí, eran los locales Escala Drinker, grupo que me perdí por compromisos de trabajo. Sí llegué a tiempo para ver a Sota de Palos. Vivir el día a día en la ciudad condal implica adentrarse en un batiburrillo multicultural, lleno de vida e influencias diversas. Por ello, es inevitable que su música se empape de semejante amalgama. Los tópicos del rock urbano de Extremoduro o Marea (solo como base), riffs potentes y heavy, y (vía teclados) ramalazos progresivos o ataques violentos y épicos. Agradaron como no podía ser de otra manera, especialmente cuando entonaron un “Corazón de Mimbre” fabuloso de los Marea.


Salieron los holandeses Pendejo a escena antes de lo previsto, liderados por el carismático El Pastuso (imagínense un Russell Crowe en su versión más macarra como vocalista de un grupo de metal). Dijo algo así como que “Ya no hay la energía de los 90” (verdad como un templo dicho sea de paso) y ellos estaban dispuestos a poner todo lo posible para recuperar ese espíritu. Contundentes desde el inicio, con una rabia contenida que explotaba en cada uno de los temas que iban tocando, unas veces más doom, otras más metal, a veces más stoner. Hermanos cercanos musicalmente hablando de grupos como Beholder o Cardiac (para que el que lee esta parrafada se oriente), aunque más musculosos, dieron un concierto serio, sin fisuras, con mucho dialogo, con muchas ganas de darse a conocer. Impregnaron su música de alcohol, sexo y drogas, oscureciendo el ambiente hasta límites “sabbathicos”, creando una atmosfera densa y propicia para sus partes más cavernícolas. 


Los dos últimos temas, simplemente geniales, dejaron solo al guitarra en una invocación psicodélica, que desembocó en un bis donde su vocalista salió con dos “botafumeiros” haciendo un canto a la marihuana, y de paso, atacando a todo fascista que se le pasara por la cabeza. Y así se fueron, con mala ostia, como su directo.


Uzzhuaia eran la gran atracción del día, y su directo (siempre fiable), era una garantía de éxito. Para su directo hubo la mayor asistencia del festival (muy poca para la calidad de los grupos). Sonaba de fondo, a modo de intro, la banda sonora de Terminator, épica y emocionante. Uzzhuaia estaban a punto de salir a escena. Y salieron con fuerza, atronando “Desde Septiembre”. No bajaron el acelerador con “Baja California” y “Perdido en el huracán”, aunque ya se notaba que Pau no estaba todo lo fino que acostumbra. Quizás por eso le atizaba más de la cuenta al Jack Daniels (llegó incluso a bajar a dar de beber al público para animar el cotarro). Sonó “13 veces por minuto”, y también “Miedo” y “No quiero verte caer” (incluidas todas ellas en el adelanto de su nuevo disco). En el ecuador, bajaron el ritmo un poco, y fue ahí donde mejor sonaron realmente, con el citado “Miedo” o “La flor y la guerra”. El ambiente era propicio para probar cosas nuevas, y improvisaron un par de versiones del tirón, antes de enfilar la recta final con dos esperadas, “Blanco y negro” y “Nuestra revolución”, la encargada de cerrar muchos de sus conciertos. Se echó en falta “Cuando ya no quede nada” o “Purpura”, dos pepinazos obligatorios. Aún así, y sin estar todo lo finos que se esperaba, son una apuesta segura para disfrutar de una buena dosis de rock and roll.


Era el turno para los locales Remakers, grupo de versiones de muy buen gusto, tanto a la hora de escogerlas como para la hora de ejecutarlas. Elegantes en estética y en la práctica, sonaban con un toque personal grupos del calibre de Queen, Pearl Jam, The Rolling Stones o PJ Harvey. El tener dos voces (masculina y femenina), y que ambas se compenetraran tan bien, dió un soplo de aire fresco a un directo bien llevado y entretenido, donde se buscaba la sorpresa y el sincero homenaje a sus grandes influencias.

 

SABADO 7 Agosto

Día dos. Llegué justo para el final de The Black Rose Road, banda que tenía en la agenda y que por desgracia me perdí.


En cambio, si que pude disfrutar de los daneses Fuzzmanta, una de las buenas razones para acudir al festival. Rock setentero, intenso y cañero como Wolfmother en su máximo esplendor, sosegado como Patti Smith o Janis Joplin (influencia directa para la cantante y con un timbre muy similar al de esta) en los momentos más profundos. Hubo arrebatos rock, momentos de lucidez absoluta, y también la dejadez del blues ácido, psicodélico y arrebatador de los 70. Guiños constantes a la época del verano del amor, donde la pureza de la música reinaba por encima de todas las cosas.


La apuesta del día para muchos eran los madrileños Nothink, de los que me enamore en su día a la primera escucha. Y se notaba la expectación en el ambiente, con unos cuantos seguidores en primera línea de batalla dándolo todo desde el violento arranque de “Coleman Fields”, para muchos el que debería ser el hit de su último disco, “Hidden State”, del que tocaron (como era previsible) buena parte de los temas. No faltaron los éxitos de su anterior LP, y fueron celebrados los “Enemy´s Meeting Point”, “Polaroid”, “Welcome to the Hill Valley” o “Kill Kill Genocide”, con la que cerraron tras un total de 4 bises. Buen sabor de boca, para una banda que nada tiene que envidiar a ninguno de los gallitos del rock patrio.


El listón estaba alto para Gansos Rosas, y más sabiendo que son un grupo tributo a una de las bandas más grandes que dio el rock en las últimas décadas. A pesar de los contratiempos, salieron a escena como el que se sabe ganador de antemano, y cogieron la empresa con más ganas aún si cabe. Durante algo más de una hora fueron desempolvando clásicos de los 90 y haciéndolos suyos con una facilidad pasmosa. El repertorio, simplemente inmejorable, desde la encargada de abrir “Nightrain” (una de mis indiscutibles favoritas) hasta el cierre esperado de “Paradise City”. A mitad de concierto, y faltando casi todos los ases de la baraja por descubrir, su directo ya había vencido, habían conquistado a la gente como meros imitadores de Guns And Roses. Su directo era tan incontestable que, cerrando los ojos, casi podías imaginarte a los Slash, Axel y compañía frente a ti. Geniales en los cortes explosivos (“Welcome to the Jungle”, “You could be mine”, “Sweet child O´mine”) y en los más sensibles (“November rain”, “Civil War”). Creo sinceramente que todo aquel que los vea, sea o no fan de los tributados, acabará venciendo a sus encantos.


Para cerrar el festival, otra banda para quitarse el sombrero, otra oferta arriesgada no exenta de calidad que habla muy bien del gusto de la organización del festival (insisto, aunque no tuvieran la acogida esperada). Sonaba jazz rítmico, tan juguetón que el funky estaba siempre presente. Vitalista, sin caer en un virtuosismo desmedido. Un combo (formado por batería, guitarra, teclados, y encargados del viento, trompeta y saxo) llamado Speak Low, solo para los más selectos.

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