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Guadalupe Plata en Gijón

Monkey Club
Crónicas | 03/02/2013
El ritmo del diablo. Guadalupe Plata (Monkey Club, Gijón)
Recurren al blues más sucio para invocar espíritus de tiempos pasados. Sin adornos ni florituras, ajenos a todo aquello que pueda encasillarles, Guadalupe Plata sacuden a todos los presentes con el adictivo ritmo del diablo. 
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129 - Guadalupe Plata
No era la mejor noche del mundo, más bien una de esas que llaman “de perros”, incluso para alguien acostumbrado al mal tiempo asturiano. Vientos huracanados y una lluvia feroz, violenta e incesante que invitaba a buscar refugio. En este caso, el Monkey Club. A medida que uno bajaba las escaleras del antiguamente conocido como Dom Pedro iba sintiendo el cambio. Del viento frío del exterior a la sensación de desierto que envolvía el local mientras Guadalupe Plata nos recibía con “Serpiente Negra” a modo de intro. Sin brisa alguna y con un calor que aumentaba por momentos, el trío de Úbeda aprovechaba para invocar a los espíritus. Bo Diddley, Screamin Jay Howkins o Robert Johnson pululaban por la sala.

Al fondo, y atravesando la muchedumbre, una luz roja invita a acercarse con cautela, aportando una sensación de peligro y cierta hostilidad. Una puntualidad británica (comenzaron justo a las 21:30) hizo que los más impacientes recibieran su recompensa cogiendo buena posición, pues el local se queda pequeño en cuanto la afluencia alcanza las tres cifras.

Con una personalidad arrolladora, en España no se conoce otro grupo igual que mezcle tan bien y con tan buen gusto el rockabilly más juguetón con el blues rock más sucio y grasiento. Uno los escucha con gusto aún sabiendo que puede ser fruto prohibido.

En frente de una audiencia contagiada por el ritmo del diablo están exorcizando los demonios Perico de Dios (no tiene una gran voz ¿acaso la tiene Dylan?, pero le sobra estilo, y es un monstruo a la guitarra mientras juguetea con las pedaleras), Carlos Jimena (puro músculo a la percusión) y Paco Luis Martos (bajo, guitarra semiacústica y “barreño” -un instrumento casero usado en el sur de los Estados Unidos confeccionado con un palo de fregona/escoba y una cuerda que terminan desembocando en una especia de caja de resonancia, que suena como si tu corazón te fuera a salir del pecho de un latir tan intenso-). Serios como pocos, no pierden el tiempo en predicamentos entre canción y canción, limitándose a tocar sin descanso, hilvanando tema tras tema en una especie de trance en el que los tres se sumen en perfecta comunión.

En poco más de hora y media repasaron sus tres discos, los tres homónimos. No faltaron de su debut, por ejemplo, “I'd Rather Be A Devil” o “Baby Me Vuelves Loco”.

En medio del trance, ajenos a todo, se meten tan dentro de las canciones que las estiran aún con el inevitable riesgo de que la goma rompa (maravilloso el ritmo del bajo a lo “Break On Through” de los Doors en “Rezando”), aunque siempre con la mente puesta en ese preciso momento en el que cambiar el ritmo para noquearte y subir en un crescendo salvaje. Sucedió con “Lorena” (¿disparas tu o disparo yo?), con el contagioso “Boogie De La Muerte”, con “Gatito” (¿Que se siente al matar un gatito?) o con “Esclavo”, una de las mejores de su último largo. Y por cómo no, con “Como Una Serpiente” (aunque sin VenusPlutón –busquen el video-) que fue la encargada de poner el broche perfecto a un concierto inmaculado.

Pero para aquellos que aún no lo hayan entendido, no se me ocurre mejor resumen para este tipo de conciertos que este párrafo extraído de la obra “En El Camino” de Jack Kerouac:

...hay un tipo y todo el mundo estaba allí ¿cierto? Le toca exponer lo que todos tienen dentro de la cabeza. Empieza el primer tema, después desarrolla las ideas, (,,,) y entonces sigue su destino y tiene que tocar de acuerdo con ese destino. De repente, en algún momento en medio del tema "LO coge"...., todos levantan la vista y se dan cuenta; le escuchan; el acelera y sigue. El tiempo se detiene. Llena el espacio vacío con la sustancia de nuestras vidas, confesiones de sus entrañas, recuerdos de ideas, refundiciones de antiguos sonidos. Tiene que tocar cruzando puentes y volviendo, y lo hace con tan infinito sentimiento, con tan profunda exploración del alma a través del tema del momento que todo el mundo sabe que lo que importa no es el tema sino LO que ha cogido...

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