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En portada > Crónicas > Festimad 2002, Parque del Soto (Móstoles 24/05/2002)

Festimad 2002 en Móstoles

Parque del Soto
Crónicas | 25/07/2002
Según lo dicho por la organización, hubo más gente que nunca. Según lo dicho por el público, la edición en la que menos. Las dos cosas más obvias de tales afirmaciones son que este año se coló mucha menos gente que en ediciones anteriores y que, aun con todo, Festimad necesita de las subvenciones para poder seguirse manteniendo.
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Resulta un poco lioso. Por un lado, los organizadores se mostraron sumamente contentos de la respuesta del público para el cartel de este año: se han vendido más entradas que nunca para días separados y el hecho de haber controlado mejor los accesos al Parque de El Soto ha generado que en esta edición se hayan colado en el recinto muchas menos personas que cualquier otro año. En buena lógica, eso quiere decir que todo va como la seda: que Festimad sigue creciendo y que se aumenta lo comodidad de la gente al tener que repartir el espacio entre menos personas. El hecho llegaba hasta el punto de que, cuando había un peso pesado en el escenario principal, el otro escenario que tenía programación apenas contaba con público porque no había suficiente para ambos. Sin embargo, según una nota de la agencia EFE, los organizadores han avanzado que “si no hay ayudas oficiales, seguramente Festimad no se celebre en 2003”. Debe haber confianza en que dichas ayudas lleguen, ya que en el programa de mano de Festimad’02 se incluía un bono de descuento de seis euros para la edición del año que viene.

Y es que, dejando los futuribles aparte, el Festimad de este año fue el sueño dorado de cualquier aficionado a este tipo de eventos. Sólo había tres escenarios, dos no coincidían nunca (el principal y el denominado “El Lago”) y el tercero podía ir asumiendo tranquilamente al público que, por lo que fuera, no terminaba de ver completas las actuaciones programadas en el más grande. Muchos de los grupos que fueron colocados en lo que se dio en llamar “Zona freak” (la carpa que, a horas más tardías, ejercería como escenario para el dance) comenzaron su actuación ante apenas cien personas para ir viendo cómo, según avanzaban en sus evoluciones, el público iba llegando poquito a poquito y cómodamente.

Es más: la mayoría de las actuaciones no eran de las que llevaban al público en masa, con lo que la comodidad aumentaba. Podías ver a Faithless casi en primera fila sin tener que pegarte con nadie y, en el momento en que Rammstein monopolizaba toda la atención, los puestos de tickets y de bebidas daban un servicio rapidísimo dado que no se les acumulaban las multitudes de otros años como clientela. Un lujo.

Festimad señaló en su primera edición que el acuerdo que había firmado con el Ayuntamiento de Móstoles les impedía introducir en el recinto más de quince mil personas para no correr ningún riesgo de cara a la conservación del medio ambiente del parque. Este año se han dado cifras mayores y, si son ciertas (no tienen por qué no serlo), se puede señalar que el parque no corre peligro aunque el cupo se amplíe. Siempre y cuando, claro, se mantenga el resultado de este año a la hora de controlar a quienes desean colarse sin pagar su entrada.

Musicalmente, el cartel de este año decía bien poco, pero eso no parece ser óbice para que un montón de chavales tomara Festimad como una oferta de fin de semana en la que la música es solamente un añadido más. Se trata de llegar, hacer una fiesta y ver cuál de las ofertas existentes llama la atención. Las ganadoras, sin duda, fueron las presentadas como cabezas de cartel (Rammstein y Jamiroquai), si bien hay que señalar que en el momento en que ellos tocaban no había ningún otro escenario activo. Al Festimad se podía ir también con entrada para un solo día o, incluso, sacar un ticket únicamente para la oferta nocturna. Muchos de los asistentes tomaron una de ambas decisiones al no sentir la más mínima curiosidad por el cartel completo.

Así, quienes asistieron el primer día eran, ante todo, amantes del metal, uno de los géneros que el Festimad parece haberse tomado como referencia y que, a decir verdad, no cuenta con tantos nombres sugerentes como para tener al personal entretenido durante una tarde. Il Niño y P.O.D. decepcionaron soberanamente aunque ambos, como el resto de las bandas, sonaron estupendamente. El sonido fue una de las cosas que, en esta edición del festival, no admitió ninguna pega.

The Dismal se defendió con soltura en su puesta de largo en Madrid y Sôber, sustitutos de los mal hallados Alient Ant Farm (fue un accidente de tráfico el que justificó su ausencia), aprovecharon la ocasión para demostrar que, probablemente, eran la mejor oferta del día en el escenario principal. Lo malo de su set es que se realizó con luz diurna y no brilló a la altura de los otros, a priori, estrellas, Rammstein. Los alemanes, que habían anunciado un show especial, hicieron más o menos lo mismo que en sus anteriores visitas a nuestro país y, a nivel escénico, hasta recuperaron gags de su primera gira internacional que recordaban quienes asistieron a su concierto en la sala Canciller hace ya unos cuantos añitos.

En el escenario El Lago brilló con luz propia Andrew W. K., un rockero clásico que entremezcla en sus canciones formas ramonianas, esencias “typical american” propias de Bruce Springsteen y unos arreglos mecánicos que le dan a todo una contemporaneidad llamativa. Terminó con el escenario lleno de gente y ejerció de clónico de David Lee Roth entre posturitas y patadas al aire. Lo mejor del día para el que suscribe, aunque otro tipo de comentarios apuntaban también a buenos shows de ∏LT (sustitutos de los previamente anunciados Kuraia) o A, quienes en su rueda de prensa manifestaron que apenas conocían al resto de los integrantes del cartel del día.

Y, si el viernes se dedicó al metal, el sábado buscó más la parte bailable de la música actual. Deluxe gustaron a quienes les vieron y Fun-da-men-tal sufrieron también el no tocar en un momento más avanzado de la tarde con un show tendente al baile en el que no faltó afán reivindicativo ni un vocalista hambriento por enseñar su miembro a las primeras filas. Faithless, por su lado, realizó un show eficacísimo que resultó de lo mejor del día.

En el segundo escenario también hubo suspensión: Flavor Flav no pudo salir de su país y el cubano Nilo repitió actuación (el día anterior estuvo en la Zona Freak) demostrando que aún le queda mucho para cubrir un escenario tan grande. Chicas llamativas, mucha charla y un apoyo instrumental bastante austero parecieron poca cosa para cubrir la ausencia del miembro de Public Enemy.

Si alguien ejercía de estrella en este Festimad era, sin duda, Jay Kay, el personaje que se esconde tras el nombre de Jamiroquai. Pues bien: cumplió con creces, divirtió y cerró el cartel demostrando que el festival, actualmente, tiene sus mejores bazas en este tipo de artistas. Al lado de los logotipos de los “40 Principales”, “Desesperado Club Social” o “Coca Cola” (bien visibles a ambos lados del escenario), un tipo como Jamiroquai es la guinda del pastel.

No hace falta ser alternativo para hacer buena música. Y Jay Kay la hizo por kilos con una banda que fue, con mucho, lo mejor de Festimad’ 02.
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