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En portada > Crónicas > Espárrago Rock 2M2, Circuito de Velocidad de Jerez (Granada 12/07/2002)

Espárrago Rock 2M2 en Granada

Circuito de Velocidad de Jerez
Crónicas | 11/09/2002
Muchos auguraban un desconcierto cuando a los organizadores del Espárrago de este año se les antojó programar actuaciones de Amaral o Bunbury al lado de las de Iggy Pop o Extremoduro. Se equivocaron: la edición 2M2 (2002) del festival andaluz ha sido un absoluto éxito y ha conseguido la mayor convocatoria de toda su historia.
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Y es que, puestos a pensar con lógica, ¿no asisten también a festivales los oyentes de los “40 principales”, quienes ven “Música sí” o quienes compran “Rolling Stone”? Asisten si conocen el cartel, exactamente igual que lo hace el resto del público tradicional de los festivales. El ampliar el espectro estilístico de un evento como éste dando paso a formas más sencillas y poperas no es sino un acierto a nivel organizativo, ya que multitud de veraneantes de la Costa del Sol empiezan a entender el “Espárrago” como la mejor cita a la que pueden asistir durante un fin de semana. Quizás no van a ver a Iggy Pop o a Enrique Morente, pero nombres como Bunbury, Extremoduro, Dover o Amaral son, para ellos, tan conocidos como pueden serlo cualquiera de los artistas de “Operación Triunfo”. Si a ello le añades una macro rave nocturna que se prolonga hasta las ocho de la mañana del día siguiente te darás cuenta de que no es ninguna locura juntar más de veinte mil personas en el Circuito de Velocidad de Jerez de la Frontera. Atendiendo a la enorme afluencia de público de este año, el “Espárrago” andaluz parece configurarse como una especie de “nuevo Benicàssim” en el que las formas musicales de mayor resultado comercial empiezan a ganar terreno por su poder de convocatoria.

Y es que sorprendía desde el primer momento ver la cantidad de público que los tres miembros de Orishas juntaban en la gran explanada principal. Los cubanos eran quienes abrían la fiesta y ya tenían delante de sí casi más gente que la que pasó el año 2001 por taquilla durante los dos días del anterior “Espárrago”. Aún no se había puesto en funcionamiento el resto de los escenarios y aquello era una verdadera fiesta en la que los cubanos, con un resultado musical realmente discutible, ejercían de anfitriones animando al baile. Orishas se presentaron únicamente acompañados de un percusionista eficaz (mucho menos cuando ejerció de guitarrista) y un DJ que valía para todo. Con esos mínimos mimbres, el trío expuso su hip hop sonero dando banda sonora a un ambiente que parecía una auténtica playa a raíz del vestuario del público. Pasado algo de tiempo, Antonio Orozco comenzaba su actuación en el segundo escenario, pero el personal parecía mucho más interesado en seguir tomando el sol.

Orozco no tuvo suerte en este cartel. Ni suponía suficiente atractivo para que la gente lo eligiera antes que a Orishas ni tenía suficiente magnetismo como para que el público que continuaba entrando se parara a hacerle un mínimo caso. “Somos pocos, pero con dos cojones”, decía desde el escenario, pero ni aun así conseguía una furtiva mirada de quienes ya iban buscando el amparo de Dover, programados tras Orishas en el escenario principal.

El cuarteto madrileño estuvo al nivel que acostumbra, con una intensidad demoledora y un sonido que, como en el resto de las actuaciones de este “Espárrago”, rayó a gran altura. No se complicaron mucho a nivel de repertorio por cuanto, con sus cuatro discos y medio a la espalda, ya tienen suficientes canciones como para llenar una hora y cuarto de himnos continuos. Satisfechos por tocar de día (“así podemos vernos todos las caras”, decían), Dover se quitó finalmente la espina de haber tenido que abandonar hace un par de años el festival andaluz por la enorme tormenta que derivó finalmente en suspensión del evento.

Cuando Dover entonaba “Loli Jackson” para finalizar su set, ya habían dado comienzo en el segundo escenario las actuaciones programadas dentro del flamenco. Mantener este tipo de actuaciones en el “Espárrago” es una seña de identidad del mismo: los organizadores están convencidos de que no venden una sola entrada, pero son de las cosas que colaboran a que la programación del evento andaluz sea característica y diferenciable del resto de los festivales. En el primer día fue Segundo Falcón, con la compañía de Javier Barón, el que puso la nota jonda en el programa, mientras que La Chiqui y El Barrio ejercieron con talante más popular: la primera acercándose a palos propios de jolgorio y los segundos presentando un flamenquito que permite la entrada del pop y el rock en su repertorio.

Amante del flamenco es Iggy Pop, quien lo reconoció en una de las paradas de su intrépida actuación. “Andalucianos: estoy muy contento de estar en Jerez, el centro del flamienco”, decía con un acento “michiguiano” que se le caía por el costado. Antes y después de ello, Iggy dejó traslucir su gran virtud y sus pequeños defectos: la primera es que es un animal de escena como hay pocos; los defectos vienen derivados de un sonido tan acerado que hacían del punk una música infantil. Espasmódico, salvaje e inigualable, Iggy ejerció de imán para cualquier mirada y dejó claro que, cuando él se sube a un escenario, hay que darle de comer aparte.

Y así debieron entenderlo los chicos (y la chica) de Garbage, quienes, por más que lo intenten, están a años luz de “la iguana” cuando se trata de ponerse delante del público. En esta ocasión, Butch Vig no pudo subirse a las tablas y fue sustituido por Matt Walker, batería que tiene en su currículum el haber tocado con Smashing Pumpkins o Veruca Salt entre otros. Shirley Manson ejerció de vocalista y de profesora de aerobic y, cuanto menos, desgranó acertadamente sus temas más populares entre charla y charla para que el público siguiera con su particular fiesta. Aún quedaba para más tarde la actuación de Bunbury, pero el personal ya iba cogiendo espacio en el escenario principal de dance ante la anunciada presencia de Richie Hawtin. El norteamericano fue realmente quien dio el disparo de salida a la sesión bailable que duraría toda la noche. Antes que él, Sideral había ejercido de eficaz calentador, pero fue Hawtin quien se encontró con una explanada repleta de bailones gracias a la enorme cantidad de público que, muy arregladito, se presentaba en el “Espárrago” sólo después de haber acostado a sus padres y haberles dado un beso en la frente.

¿Backyard Babies a las seis de la tarde? Pues sí. El hecho de que los suecos tuvieran que salir volando horas después para Brasil hizo que el horario en el que fueron ubicados no les viniera demasiado bien. No es que tuvieran problemas para soltar su speedico rock sobre las cabezas y cuerpos de los allí presentes, pero, si hubieran tenido la suerte de ser vistos por quienes sólo asistieron al “Espárrago” gracias a la presencia de Iggy, probablemente habrían captado un público adulto que dejó de comprar discos allá por los años ochenta. Su actuación fue tan temprana que, hasta que Amaral volvió a dar actividad al escenario principal, dio tiempo a que dos bandas nacionales se explayaran en el paralelo. Fueron unos primerizos Eugene, con cierto espíritu “indie” absolutamente trasnochado, y Sunday Drivers, grupo que cumplió con destreza y que colocó unos casi olvidados ecos de britpop en la tarde jerezana. Ambos hicieron lo que pudieron, pero sus propuestas resultaron demasiado tranquilas para un público que, como el muñequito de Duracell, parecía no cansarse nunca. En este mismo escenario cantaría un poco más tarde Ezequiel, otro cantaor flamenco que aceptó relajar su propuesta sabedor de que el público del “Espárrago” no es esencialmente jondo. Atacó por alegrías, bulerías y hasta alguna seguidilla dando paso a toda su familia para montarse un tablao a casi cuarenta grados de temperatura.

Morente, que en esta ocasión, volvía al festival con Lagartija Nick, tuvo problemas de sonido y no cuajó tanto como se esperaba ante un público que, básicamente, ya estaba con la mente puesta en Extremoduro.

Antes que Robe y los suyos se hicieran los reyes del mambo, Amaral y Sôber cumplieron con las expectativas. La primera, bien ligerita de ropa y con mucho movimiento de melena, puso el intermedio popie para que la gente hiciera karaoke. Los segundos siguieron la línea constante que están exhibiendo en la gira iniciada tras la publicación de “Paradyso”. Sobrios, fríos y muy profesionales, dejaron buen sabor de boca y cerraron la primera parte del escenario principal antes de que los de dance empezaran a coger color.

Bastante más tarde llegaría la apoteosis con Extremo y su peculiar imagen “faldera”. Robe y sus amigos dejaron claro que, a estas alturas, no tienen ningún problema en llegar al mismo público que lo pueda hacer Bunbury o Amaral. Muy al contrario, demostraron que les superan a nivel de convocatoria y que un concierto suyo sigue siendo un plato fijo a nivel de éxito. Hamlet, por su parte, no pueden decir lo mismo: ubicados a altísimas horas de la madrugada, los madrileños no cuajaron con su durísima oferta ante un personal que, ya masivamente, pensaba en clave house. Aun así, hicieron lo suyo con la dignidad que acostumbran.

Parecía que el pop más sencillote era un plato aparte dentro de los festivales veraniegos. Cuando los organizadores de estos eventos miraban a este tipo de música siempre se conformaban con las apuestas más vanguardistas o con los ecos del panorama británico. El “Espárrago 2M2” ha demostrado que el pop español de imagen y peluquería también tiene cabida en este tipo de eventos. Puede que al amante de Iggy Pop no le guste la presencia de Amaral o de Antonio Orozco en un lugar “sacralizado”, pero lo cierto es que, habiendo escenarios y horas para aburrir, personajes como éstos permiten la afluencia de un numerosísimo público que (admitámoslo) leyendas como “la iguana” no habrían soñado convocar en su vida.

El toque de atención lo dio, el año pasado, Neil Young: tiene a sus espaldas una carrera mitológica, pero el personal más joven le abandonó al tercer acorde prefiriendo irse a bailar. Con ofertas de calidad rockera no se llena el Circuito de Velocidad de Jerez y, si es necesario inventarse un híbrido para que quien sólo oye los “40” también se acerque al festival, la idea parece acertada si no se cae en la chabacanería o la cutrez. Lo elegido este año, excepto en el caso de Antonio Orozco, se ha defendido muy dignamente y abre las puertas a carteles más eclécticos que aseguren un público mayor sin tener que bajar por ello el nivel de calidad hasta las formas más populacheras.

Si son aceptables unos elementos como Oasis o Blur en un festival masivo, ¿por qué no van a serlo Rickie Martin o Sabina? Si no son de tu agrado, siempre puedes cambiar de escenario.

Lo mejor

- El recinto. Es imposible no estar cómodo.
- El servicio de autobuses: se incrementó y se añadió una línea nueva para atender a la gente del camping.
- El experimento híbrido a la hora de programar a artistas como Amaral o Bunbury. Funcionó.
- La respuesta del público: parece que, por fin, el “Espárrago” es capaz de atraer a todos los andaluces.

Lo peor

- Los horarios. Apenas se cumplieron.
- Demasiada monotonía en los escenarios de dance.
- La suspensión de Fangoria.
- La desubicación de Backyard Babies y Enrique Morente. Los primeros no encontraron buen horario y el segundo falló en el sonido.

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