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AC/DC en Madrid

Palacio De Los Deportes
Crónicas | 12/12/2000
En cuanto se anunció un nuevo paso por España de AC/DC la enorme legión de fans con la que cuenta este grupo en nuestro país puso pies en polvorosa y terminó con las entradas puestas a la venta en un plis plas.
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Lo que en principio se anunció como un único concierto en Madrid terminó convirtiéndose en tres y, a tenor de lo visto, nada habría impedido que el grupo continuara con su escenario plantado en el pabellón de Goya si no hubiera sido por lo ajustadas que tienen sus fechas en esta gira. Por estas latitudes hay muchísima gente que es capaz de empeñar su colchón por ver a Angus y compañía y no era nada raro tropezarse con grupos enteros de aficionados que reconocían haber visto a la banda en dos, y hasta en las tres, ocasiones en las que tocaron en nuestra ciudad.

Con ésas, los australianos de origen escocés no necesitaban hacer mucho para que los asistentes a sus conciertos se fueran de ellos con el orgasmo retratado en la cara. Era simplemente cuestión de mantener la tónica que el grupo lleva siguiendo desde hace un buen montón de tiempo: las canciones de siempre, los efectos de siempre... Es lo que quiere el público de AC/DC y lo que éstos están dispuestos a dar una y otra vez para justificar su presencia dentro del mundo del rock. El quinteto se ofrece no como un grupo de estrellas, sino como el ejemplo más cumplidor del proletariado rockero: llegan, ejercen y se van con su circo a otra parte.

Lo bueno del hecho es que el circo de AC/DC sigue teniendo leones y trapecistas, algo que cada vez se ve menos dentro de esta faceta del mundo del espectáculo. Invierten una millonada en escenario y planifican su show teniendo siempre en cuenta cómo funcionaron sus gags en la anterior experiencia de carretera. Sólo hubo dos sorpresas respecto a la visita en la que presentaron en Madrid "Ballbreaker" y en la que grabaron su vídeo "No bull": la estatua de Angus que ilustra la portada de su último "Stiff upper lip" y... una sola canción de dicho álbum, en concreto la que da título al mismo. Si bien en el repertorio de la gira tienen otras dos en cartera, ambas se cayeron en su último concierto madrileño para ser sustituidas por "Get it hot" y "Sin city", temas pretéritos que culminaron una lista de canciones que abundaron en eso mismo: en el pasado.

Y es que no se puede ser crítico con este grupo. Si lo que quieres es ver algo nuevo un concierto de AC/DC es lo menos indicado para tus propósitos. Si vas a verlo es porque estás plenamente convencido de que van a seguir su guión a pies juntillas y que van a satisfacer tus ansias de volver a recibir aquello que te hizo feliz la primera vez que los vistes. Por sorprender, al público no le sorprendió nada: cuando la banda terminó "Let there be rock" y abandonó el escenario apenas un centenar de personas reclamaron un bis; el resto sabían perfectamente que aún quedaban en cartera un par de efectos y un par de canciones, por lo que ni se inmutó por el parón.

Y, yendo a la chicha, ¿qué hicieron AC/DC? Pues una veintena de canciones de ésas que les han catapultado al sitio en el que están. Fue aparecer ellos en escena y ponerse en marcha el aparato sincronizado y programado que no deja hueco a ningún tipo de espontaneidad. Brian Johnson, perfecto en su papel de escocés dinamitero, estuvo estupendo toda la noche. Angus, quien como Johnson parece mantener su gusto por lo inmovilista hasta en el vestuario, se movió menos que otras veces, pero continuó dejando que su cabeza ejerciera de batidora mientras él iba de acá para allá con su pato de ganso sacando de la SG los riffs que ya puede tocar hasta estando dormido. Malcolm sigue siendo el soporte del grupo dándole a éste la consistencia que necesita para dejar sueltos a Angus y Brian. Junto a él, Phil Rudd y Cliff Williams, sin apenas soltar sudor, se ganaban el salario poniéndole pegamento a todo lo demás.

El primer plato se sirvió con "You shook me all night long" y un montón de watios en luminotecnia que dieron vida a dos pantallas laterales de vídeo, una tercera que se partía y se convertía en dos moviéndose ambas por la parte trasera del escenario y una amplia pasarela que se iba hasta más allá de la mitad del recinto y que culminaba en la plataforma elevadora que, hora y media más tarde, colocaría a Angus por encima de la gente.

Tras "Stiff upper lip" llegó la primera entrega del "Highway to hell", con "Shot down in flames" para seguir con esa baza segura que atiende por "Thunderstruck" y que puso el Palacio boca abajo. "Hell ain't a bad place to be" dio paso al disco más recordado en todo el concierto: el "Let there be rock" del 77, álbum del que más tarde aparecerían "Bad boy boogie" (con el habitual streaptease de Angus), "Whole lotta Rosie" (con una muñeca más sexy y divertida que la habitual), y el tema que daba título al disco y que se encargó de cerrar el set después de que Angus hiciera sus ya tópicos desbarres tirado en el suelo, se subiera en el ascensor que culminaba un escenario muy similar al de la gira de "Ballbreaker" y arengara al público como un poseso subido en la ya citada plataforma colocada en medio del local.

A esas alturas de show ya habían sonado "Hard as a rock", "Shoot to thrill" y "Rock'n'roll ain't noise polution", por lo que todo estaba preparado para el golpe de efecto que suponía la única novedad escénica de la gira. Después de que Johnson diera uso a la famosa campana meneándola un poquito y colgándose un rato de ella, la estatua de Angus colocada en la parte trasera del escenario comenzó a moverse lateralmente dejando ver unos cuernos rojos, unos ojos luminosos y una ristra de humo que salía periódicamente de su boca. Era el tiempo para "Hells bells" y uno de los puntos álgidos del concierto.

Otro fue "The jack", pieza en la que aprovecharon para mostrar en las pantallas de vídeo a la parte del público más pintoresca: tías macizas, tíos atacados de pasión, otras tías que meneaban ardorosamente su cuerpo haciendo mártires a los santos que las mantenían sobre sus hombros... La ristra final incluyó a "Dirty deeds done dirty cheap", "Back in black" y "Highway to hell", otro de los temas preferidos por el público y que dio paso a la famosa muñeca de "Rosie".

Los bises (o lo que fuera) los compusieron con "TNT" y "For those about to rock", con lo que aprovecharon de nuevo los ruidosos cañones que ya cuentan con más kilómetros a sus espaldas que el baúl de la Piquer. Se acaba lo que se da y empieza la ronda de mercadillo en la que el merchandising exhibe sus precios abusivos dando el último coletazo a la felicidad de la gente que, ese día, había hecho su particular viaje al cielo (¿o al infierno?).

Previamente al set de los australianos, los Backyard Babies disfrutaron de media hora con el escenario para ellos solos. Se mostraron tan eficaces, solventes y vigorosos como siempre y aprovecharon para exponer piezas de lo que será su nuevo álbum y que dejaron arrinconadas a su material más conocido. Con nueva imagen, una actitud sobresaliente y una caña demoledora, los suecos supieron mostrarse en su lugar dejando muy digno el sitio dedicado siempre a los teloneros, no muy agradable cuando abres para una banda del calibre de AC/DC
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