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En portada > Crónicas > Festimad 2001, Parque del Soto (Móstoles 18/05/2001)

Festimad 2001 en Móstoles

Parque del Soto
Crónicas | 18/05/2001
A estas alturas nadie duda que un festival musical tiene algo de circo. Lo que no sabíamos era que, entre todos los circos que se extienden ahora por la geografía española, hay uno al que le crecen los enanos: se ha asentado en Móstoles, se llama Festimad y el último de sus enanos que ha perdido tal condición atiende por el nombre de Limp Bizkit.
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El ex-enano en cuestión decidió en Madrid que, dado que había crecido, no era necesario que siguiera integrando parte de la plantilla del circo. La excusa argumentada para romper peras con el director de pista fue que, al firmar su contrato, había establecido claramente unas exigentes normas de seguridad que la organización del Festimad no había, finalmente, tomado. Los dueños del circo tenían muy claro que cumplían los requisitos más que necesarios para que la seguridad del festival fuera solvente, pero lo que querían los integrantes de Limp Bizkit no era solvencia: cuando una de sus fans murió en Australia aplastada en una avalancha durante uno de sus conciertos las medidas de seguridad también eran solventes y cumplían toda la normativa australiana, pero eso no impidió el accidente. Desde entonces, el grupo mira con lupa esas cuestiones y establece "su" propia reglamentación. Si ésta no se cumple, no tocan. Festimad no la cumplió y, aunque argumentó que las vallas que impedían el acceso del público al escenario estaban en regla con la normativa del Ministerio de Industria y del Colegio de Arquitectos, a la gente de Limp Bizkit todo eso le sonó como una canción de Frank Sinatra: "es muy bonita, sí, pero prefiero las mías".

Después de eso, y teniendo en cuenta que Limp Bizkit ha sido el buque insignia de esta edición de Festimad desde su primera presentación, ¿qué atracciones quedaban por ofrecer al público? Lo mejor, tratándose de un circo, es recurrir siempre el número del mago, al de los payasos y al de las fieras domesticadas. El mago se encargó de añadir al cartel bandas hasta el último día y, gracias a él, el circo pudo contar con las ferias de Biohazard, capaces de hacer doblete por un poco más de comida. Así, los neoyorquinos trataron de mejorar el segundo día la pobre impresión que causaron el primero en el escenario grande. Eso sí: su segundo show fue en el pequeño por aquello de darle al grupo un ambiente más acorde a su capacidad musical.

El número de los payasos, tan recurrente él, lo ponía Slipknot y se presentó en el escenario grande el primer día como cierre de cartel. Hicieron gracia, pero poco más. Una cosa es ser un payasete maquillado y otro bien distinto poder con un público numeroso que no sabe muy bien de dónde has salido. Slipknot tiene su prestigio entre la parroquia metálica, pero... para cerrar el cartel de Festimad sus actitudes se quedan más bien cortitas.

No todo estaba perdido, máxime cuando el público de este festival es aún más pacífico que los payasos infantiles. Si bien uno de los miembros de Slipknot no recibió bien ciertas preguntas de la prensa e incluso se encaró con una cámara de televisión que grabó a la banda sin que, por lo visto, hubiera permiso previo, el público, por el contrario, se tomó con tranquilidad que Limp Bizkit no tocara. Lo único que hizo fue recurrir a los típicos cantos de recuerdo a mamá y emprender un concurso de lanzamiento de cosas contra los pobres que tomaron el riesgo de subirse al escenario en el momento en el que no les correspondía. Fueron Zen Guerrilla, quienes, a la vez que iban haciendo su repertorio, demostraban su capacidad de cintura evitando los cohetes que surgían del público más molesto. Ellos, está claro, no tenían nada que ver con la película y, si se hubieran quedado en el escenario en el que estaban programados, probablemente no hubieran tenido que sufrir dicha experiencia gimnástica.

El mejor sabor de boca del Festimad estaba destinado, tras la suspensión de Limp Bizkit, a los Backyard Babies, suecos que se han ganado con honores el apelativo de "apagafuegos" dentro de este circo: si hace dos años fueron quienes nos hicieron olvidar la pobre presencia de Metallica, éste intentaron lo mismo armados del material perteneciente a su nuevo "Making enemies is good". El grupo demostró que, donde estén ellos, ya se pueden ir entrenando los demás, pero con lo que no contó es con que, en este circo, también llueve. ¡Y cómo! Estaban ya en la recta final de su show, tratando de imponerse a un sonido más bien pobre, cuando el cielo empezó a descargar provocando una estampida que, quién lo iba a decir, hizo trabajar a la seguridad más que en todo el evento. En Festimad hay muy pocos sitios donde cubrirse y uno de ellos son las carpas de la zona de prensa, recinto vallado al que se accede con una pulsera muy concreta. Sea por el agua que caía o por la poca luz que había en ese momento, el caso es que cada uno veía el color de su pulsera del más conveniente para sus intereses mientras que los encargados de seguridad también empezaban a hacerse líos porque, con esa luz, nadie veía ni las pulseras ni las manos en las que iban puestas.

Después de que escampara un poco, Los Enemigos ofrecieron ese show necesario que aúna tranquilidad, buena música y marcha suficiente para ir secando la ropa. Lo más llamativo de su actuación fue la recuperación de Fino, bajista tradicional de la formación que había estado ausente de la actual gira de la banda por problemas de salud. El resto no fue sino una demostración más de que Enemigos pasan por un momento dulce en el que todas las piezas de su maquinaria están más que engrasadas. Aunque llueva.

El Festimad de este año (¿por qué negarlo?) no ofrecía demasiadas expectativas en su cartel y, de ese modo, la gente no parecía demasiado exigente con lo que se iba encontrando. Llamó la atención la aparición de 28 Days, banda australiana que se ganó el jornal, como Sexy Sadie y Muse, los grupos que reivindicaron que, en el Festimad, el pop también existe. Se quedaron un poco cortos Manic Street Preachers, sorprendieron con agrado Guano Apes y respondió con autoridad a las expectativas Rachid Taha, la mayor atracción de la carpa. Formaciones como Sperm demostraron que aún están un poco verdes para tanto público y, por el contrario, Sôber continuó apuntando que mejora cada día.

Aparte de ello, poco (muy poco) que destacar. No hubo accidentes reseñables y el recinto destinado a los boxes mejoró notablemente con respecto a otras ediciones, si bien, al estar descubierto, también sufrió lo que llegó del cielo. Después de lo de este año habrá que ponerse las pilas duramente para lavar la imagen del festival de cara al año que viene. Si bien las suspensiones son ya carta de naturaleza en Festimad (Suede, Smash Mouth, Fabulosos Cadillacs...) no debe ser ningún plato de gusto el que tu cabeza de cartel te deje colgado. Y menos si lo hace argumentando motivos de seguridad.
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