Crónicas

En portada > Crónicas > Doctor Music Festival (La Morgal 22/07/2000)

Doctor Music Festival en La Morgal

Crónicas | 22/07/2000
Era la primera vez que se hacía en Asturias y, por tanto, su resultado suponía una incógnita. Un mes después de acabado los responsables de la organización se estarán preguntando dónde estuvieron los fallos porque, si todo funcionó estupendamente, la gente no acudió tan masivamente como en principio se preveía. ¿Los precios? ¿El cartel?
Vota : | ResultadoVotos : 0
Bueno... la primera impresión no fue muy allá, es cierto, pero probablemente sea debido a que siempre te imaginas más de lo que las cosas son en realidad. De las veinticinco mil personas que se esperaban apenas se juntaron quince mil y la primera noticia que recibimos al entrar en el recinto era que Robert Plant, con sus Priory of Brion, había suspendido su actuación. No era el único: Rae & Christian no habían podido incorporarse finalmente al programa por un problema de vuelos y Jacques Lu Cont, el líder de Les Rythmes Digitales, había perdido recientemente a un familiar y no estaba por la labor de subirse a un escenario en estos días.

La cuestión era ver el lado positivo de las cosas. Si con quince mil personas los servicios estaban asquerosos a las siete de la tarde indudablemente era preferible que no entrara nadie más al recinto; y si de lo que se trataba era de ver el mayor número de actuaciones posibles, las suspensiones facilitaban cambios de horario que permitían no tener que ir siempre con la lengua fuera de un sitio para otro.

Porque, hay que decirlo desde ya, el lugar elegido para celebrar la cuarta edición del "Doctor Music Festival" era enorme. Ya desde la lejanía se podía ver el compendio de carpas gigantescas (cuatro), el escenario principal y un camping que, junto con el parking, parecían más propios de una ciudad de veraneo que de un sencillo festival de música. Puede que acudiera menos gente de la prevista, pero, por lo visto, casi todo el mundo se llevó su tienda de campaña.

El planteamiento era el siguiente: un escenario tocho, bautizado como "La vaca", con una explanada delante capaz de albergar a medio Oviedo; una carpa redonda y enorme dedicada a los corrientes rockeras que atendía por "Buffalo space"; otra un pelín más pequeña, con forma rectangular, a la que habían puesto el ocurrente nombre de "La cabra"; junto a ella, más pequeñita, "La cabra 2", que ofrecía programación alternada con su hermana mayor; y, por último, la benjamina, que ejercía de chill out y espacio dance más como reposo que como lugar de actuaciones. "La tortuga", que era el nombre elegido para ésta, no tenía barras y su programación se llenaba con una serie de DJs que alternaban sus horarios durante los tres días que duraba el festival.

La cosa no quedaba ahí. Numerosos bares, identificados con nombres de músicos fallecidos (Charlie Parker, Sid Vicious, Jimi Hendrix, Pepe Risi, Camarón, Janis Joplin, Bob Marley y John Lennon), se distribuían por el amplio espacio mientras que la comida se despachaba en los restaurantes Bon Scott y Keith Moon, los cuales también estaban techados a modo de carpa. Aún había más carpas (esto parecía la temporada de pesca): una para albergar los cuarenta ordenadores conectados continuamente a Internet, otra para el programa que desde el recinto celebraban los "40 Principales", un montón de ellas que formaban un amplio mercadillo y otras tantas con espacio para que diversas ONGs ofrecieran información de sus actividades.

Para los amantes al suicidio también se había colocado la habitual grúa en la que, antes de subir, te vacían los bolsillos por si triunfabas en tu intento y, junto a ella, un par de columpios gigantes (los llamaban spinning) y una minipiscina para echar partidos de voley pasados por agua. Además de todo ello, lógicamente, un supermercado para surtir a la gente del camping, un montón de controles en la entrada y una generosa zona de backstage en la que se ubicaba la carpa de prensa y la de producción. Los camerinos se habían colocado en un edificio anexo, al igual que el enorme comedor en el que se alimentaba el amplio número de trabajadores que hacía falta para poner en marcha todo el asunto.

En total, si mis números no fallan, el programa quedó resumido (es un decir) a sesenta actuaciones en vivo y veintidós sets de DJs, pero a ellos hay que añadirles la fiesta de presentación que se realizó un día antes y que contó con grupos como Killer Barbies y Super Skunk para que los más adelantados fueran haciendo boca.

El "Doctor Music" también tenía su moneda particular: un circulito de plástico que se vendía como "doc" al módico precio de ciento veinticinco pesetas. Lo malo es que allí dentro todo costaba muchos "docs": dos para una botellita de agua, cinco para un whisky y ocho para un cubata. Era lo que había y, aunque la gente se quejaba, no podía sacar refrescos de la tierra. El sábado 22, el segundo día del festival, ya se habían consumido más de setenta mil refrescos y más de treinta mil botellas de agua.

En este festival, con todo, la gente era de pela alegre. No sólo por pagar una entrada ciertamente exagerada en el precio, sino porque a lo largo de tres días no paró de correr el dinero. Con los mismos datos del día 22, la venta de camisetas pasaba de las mil y la gente que se tiraba de la grúa no la dejaba descansar.

Llego al recinto pasadas las seis de la tarde del viernes. Previamente, y sin que pueda entender el motivo, he tenido que irme un par de kilómetros más allá para conseguir mi acreditación dado que, aunque aquí hay sitio para todo, el tema de las acreditaciones se ha situado en el instituto de un pueblo cercano.

Empiezo a dar vueltas por el recinto para familiarizarme un poco con todo y lo primero con lo que me encuentro subido a un escenario es a Muse, una banda inglesa que se está haciendo un huequecito dentro de la escena rockera tras haber grabado ya cuatro discos. En formación de trío se marcaron piezas como "Uno", "Sober" o "Sunburn" que les dibujan francamente bien. Tienen actitud, buenas formas y, de momento, parecen haber conseguido un grato equilibrio entre la marcha y el estilo. Hicieron un show corto en el que metieron un montón de piezas ("Muscle museum", "Cave", "Fillip"...) y supusieron una grata bienvenida antes de plantearme ver cómo funcionaban las cosas en el escenario grande.

Allí abría Ani DiFranco, esa cantautora que tanto gusta en los círculos underground pero que no termina de ser reconocida por la mayoría de la gente. Sus canciones perdían intimidad al tocarlas a las siete de la tarde delante de una explanada enorme que parecía vacía. Aportaba sus matices, su sutileza y su talante interpretativo, pero el hecho de que el público apenas conociera sus canciones y que empezara a soplar una agradable brisita tras un calor de justicia que había dominado el día hizo que una enorme cantidad de cuerpos se tiraran al suelo dispuestos a dejar que canciones como "Little plastic castle", "Fuel" o "Anticipate" flotaran por el aire como tranquila música ambiental.

Beck había convocado a los periodistas a las ocho a una rueda de prensa, pero, al menos a esa hora, no apareció. No entendía muy bien por qué convocaba aquello si diez minutos antes estaba en la carpa de los "40 principales" siendo entrevistado y tocando en acústico. Si quisiéramos enterarnos de algo sobre él nos bastaba sintonizar la radio, por lo que decidí no perder el tiempo y ver si llegaba a escuchar algo de No Fun at All en el escenario "bufaliano".

Allí estaban los suecos, haciendo cosas como "Strong and smart" o "Catch me running ground". Un poco subiditos de volumen y con un sonido un tanto pastoso, pero cañeros a más no poder y haciendo que la gente se moviera aunque fuera tímidamente. Les vi tocar "Stranded" y "Believers", pero, antes de que acabaran, cambié de carpa para ver lo que Australian Blonde tenían preparado para este "Doctor Music". Pocos días antes me habían dicho que después del verano publicarían en Astro un álbum junto a Steve Wynn, pero, aparte de eso, poco sabía de los pasos que el combo asturiano ha ido llevando en estos últimos tiempos. Su actuación fue altamente improvisada y salían por igual temas de su "Extra" ("Cool dive") que piezas antiguas como "Cosmic". En un momento dado, después de haber tocado apenas treinta y cinco minutos, desaparecieron y se mantuvieron tras el escenario casi otros diez. La gente tampoco estaba para esperar mucho y, cuando volvieron a aparecer, no había entre el público la mitad de gente de la que habían convocado. En fin: quienes se quedaron eran los más fans y disfrutaron hasta los temas nuevos con amplia algarabía.

Llegaba el momento de Beck en el escenario grande y el de ver cuánta gente había de verdad en el recinto. Yo, que en esto de los cálculos soy muy malo, pondría mi mano en el fuego a que allí no había más de ocho mil personas, lo que me llevó a pensar, inmediatamente, en que ni siquiera el geniecillo de Los Angeles tenía un poder de convocatoria tan sólido como para ejercer aquí de cabeza de cartel. Según la organización, doce mil almas habían pasado por taquilla para disfrutar el primer día de festival (es tonto pensar que la gente compra la entrada para no usarla), lo que suponía que al menos cuatro mil de ellas prefirieron otros quehaceres antes de ver a Beck.

Ellos se lo perdieron. Este personaje cuajó una actuación enorme, con un show muy vistoso y con un repertorio que abundó en lo lúdico y lo bailable. Después de un "Short busta" que sirvió para abrir eligió material de su fantástico "Odelay" y se marcó un "Novakane" y un "New pollution" en los que demostró que, encima del escenario, este mindundi se transforma en un gigante. "Mixed bizness", "Looser", "Presure zone" y más piezas de "Midnite vultures" fueron cayendo una tras una convenciendo al más escéptico de que la mixtura que el californiano hace entre el pop, el rock, el hip hop y el funk es una verdadera locura cuando se presenta con gracia y sapiencia. También dejó, antes de irse, el habitual solo de DJ Swamp y celebraciones como "Sexx laws" o "Minus". Un encanto.

Para seguir a tal nivel era necesario otro plato fuerte y, afortunadamente, los noruegos Gluecifer son una baza segura en estas lides. Su paquete básico es de los que confirman que Escandinavia es una de las regiones que mejor salud rockera tiene en estos momentos y, con piezas como "I got war", "Chwin' fingers" o "Ducktail heat", ofrecen imagen, actitud y una energía demoledora que se contagia a cualquiera que no esté mal de la oreja. Se presentaron con un vestuario de lo más pintón, con un vocalista que parecía "El padrino" y con un guitarra envuelto en un traje vaquero blanco que se iba empapando poco a poco con el sudor que le caía de los pelos. Esta es de la gente que se divierte tocando como los adolescentes a los que sólo les dejan salir una vez a la semana.

Bien diferente era lo de Pet Shop Boys, que parecen funcionarios cronometrados en esto de subir a escena. Su show festivalero fue, afortundamente, más masticable del que ofrecieron en su última gira por nuestro país y eso supuso que, por lo menos, no se perdiera el ritmo de una noche que tan bien iba llevando yo en mis neuronas. Los chicos decidieron pasar de su escenario de diseño japonés, aunque repitieron con sus bailarines pasados de perímetro y con su colección de clips en pantalla gigante, por lo que el espectáculo se quedó, como puede esperarse del dúo, en una retahíla de éxitos bailables que solamente se interrumpió cuando a Neil Tennant, el vocalista, se le ocurrió ponerse a tocar con guitarra acústica. Aproveché para cambiar unos "docs" por algo de bebida y esperé que llegaran "New Yor city boys", "Being boring", "Always on my mind" o "It's a sin", piezas que cuajaron en la gente y que sonaban mientras en la enorme pantalla continuaban apareciendo tíos cachas en bañador a diestro y siniestro.

Para mí era suficiente teniendo en cuenta que era el primer día. La actuación de la Rollins Band se había pospuesto a las dos de la mañana y aún tenía que buscar transporte para Oviedo. Esos autocares que teóricamente daban el servicio de transporte eran una cosa desconocida para los trabajadores del festival, por lo que había que ejercer de explorador durante un buen rato antes de dar con la parada. Afortunadamente un buen samaritano me prestó el asiento de atrás de su coche y acabé en la cama con un hambre que me animaba a comerme las paredes.

El día siguiente había que programarlo mejor.

El sábado mi intención era llegar a ver a Zebda, pero no lo conseguí y cuando entré en el recinto oía al fondo a las Undershakers, que ya habían empezado su show en la "Cabra" pequeña.

La siguiente actuación en el escenario tocho era la de Molotov, banda que me sigue decepcionando en directo cada vez que la veo. Sus canciones suenan como un cañón en cada uno de sus dos discos, pero en directo su sonido es un batiburrillo que no permite entender las letras ni coger el ritmo. Cuentan, eso sí, con piezas saltarinas que tiran de la gente ("Voto latino", "Gimme the power", "Chinga tu madre"...), pero ellos, de por sí, son de lo más soso que uno se puede encontrar. Se apalancan al suelo y sólo se mueven para cambiarse los instrumentos, algo que, a decir verdad, ni se nota. Terminaron su set con una versión del "Anarchy in th UK" de los Pistols y el sempiterno "Puto", canción que aprovecharon para acordarse de Ricky Martin y Enrique Iglesias.

Mucho mejor resultaría lo de Paul Weller. El fundador de Jam y Style Council tiene un arte especial a la hora de componer, pero, del mismo modo, evidenció que no ha perdido ritmo cuando se presenta delante del público. Si bien concedió espació dentro de su delicioso pop para las piezas de su último "Heliocentric" ("Back in the fir", "Frightened", "There's no drinking after you're dead"...), no se olvidó de canciones emblemáticas dentro de su repertorio como "Friday street", que abrió el concierto, o "Out of sinking". Su concierto fue realmente mágico, preciosista y elegante, con un manejo del tiempo verdaderamente especial y con una lucidez de las que siempre se agradecen. No convocó tampoco a mucho público: ellos, de nuevo, se lo perdieron.

Antes de que Bloodhound Gang tocara, Manta Ray y Guano Apes extendieron sus ofertas en las carpas. Por lo que me contaron, ambos estuvieron estupendos, cosa de la que me alegro porque lo de los Gang era para salir corriendo. Los individuos en cuestión se presentaron delante de un telón en el que aparecía tachado el nombre de Metallica y puesto, debajo, el suyo. Aquello fue simplemente una más de la tonelada de bromas que ellos se hacían entre sí y que el público (yo incluido) raramente cogía. Cuando cantaron "Queer", por ejemplo, aprovecharon para meterse con Oasis y cuando tocaron "Ballad of Chasey Lain" hicieron lo propio con Duran Duran. Hablaron más tiempo del que cantaron y cuando lo hicieron daban ganas de huir.

Yo no me corté y los dejé con sus simplezas para ver a Fila Brazilia. Creo que unos cuantos hicieron lo mismo porque ,cuando llegué a la "Cabra" pequeña, apenas habría allí trescientas personas mientras que, poquito a poquito, aquello iba cogiendo ambiente y el público no paraba de entrar. Lo de Fila Brazilia es una especie de trip hop instrumental en el que la batería ocupa el primer plano sonoro. Ofrecen una música hipnótica y minimalista, con patrones muy fijos pero con un gran manejo de los ambientes gracias a programaciones de un excelente nivel. Hacen piezas largas ("Shape", "Slow light", "Rouge"...) que terminan entrando por obsesivas y por aportar un sonido preciosista para el que se sirven de flautas, trompetas y hasta voces humanas pregrabadas.

Como venía de una pachangada vi necesario cambiar el chip si quería disfrutar aquello. Me pasaron un porro y me animé a cambiar de carpa para darle algún servicio a mis "docs". Por el camino pillé el sonido de "La Tortuga". Era algo similar, pero con más beats por minuto y sin rasgo de melodía. Me quedé pillado un rato y luego volví a Fila Brazilia con mi surtido etílico. En ese momento estaban con sampleos de jazz y con un fragmento de "Scherezade" que tocan con teclados mientras sueltan percusiones electrónicas con mucho toque de groove. El asunto me empezaba a gustar y, durante un buen rato, simultaneé las carpas. En "La Tortuga" cambiaron al DJ y cuando volví a entrar sonaba algo más funk y continuaba con una bossa mecánica.

Un poquito más tarde llegó la hora de elegir. Por un lado estaban Tindersticks y por otro Biohazard. Pregunto a mi hipotálamo y éste decide que mi cuerpo puede sufrir bastante si lo pongo delante de los Hazard. Decidió bien porque, al acabar la actuación, los miembros de la banda se liaron a golpes con el primero que encontraron. Me alegré de no ser yo.

Tindersticks hicieron buena su propuesta con piezas como "Sweet release, Kathleen" o "Bath time". La voz de Stuart Staples casi flotaba sobre los ambientes creados por sus compañeros. Si bien en otro instante su música delicada y sinuosa podría haberme parecido falta de punch, en ese momento era la que necesitaba. Fue una gran decisión para terminar el día, antes de que Comediants lo revolucionara todo con un espectáculo de máscaras y pirotecnia que, por lo visto, fue muy dicharachero.

El domingo estoy comiendo en Oviedo y las nubes descargan una que me hace cambiar de cara. No es éste un buen augurio cuando aún queda un día de festival. A estas alturas la organización ha confirmado que son catorce mil las personas que han entrado en el recinto y esperan, con suerte, que otros mil lo hagan antes de cerrarse las puertas.

En una rueda de prensa convocada a tal fin un representante de la Junta del Principado dice que está contentísimo y que, si dependiera de él, el año que viene el "Doctor" también se celebraría en Asturias. Neo Sala, máximo responsable de la organización, prefiere esperar antes de aceptar la oferta. A bote pronto, y en una primera valoración, piensa que situaciones como la suspensión del "Espárrago" o la tragedia de "Roskilde", así como el hecho de que una experiencia de este tipo sea novedosa en Asturias, pueden haber afectado a la afluencia de gente. Alguien le pregunta por los precios (16.800 pesetas el bono para los tres días) y le hace notar que el "Santirock", celebrado una semana antes, ofrecía tres días de actuaciones por solamente 5.000 pesetas. Sala argumenta que la enorme subvención de ese festival le permite ofrecer unos precios que están "fuera del mercado". Obviamente, eso puede suceder, pero la realidad es que al público le importa poco. Supongo que los gallegos prefieren que la Xunta se gaste los cuartos en eso en vez de llevar a no sé cuantos mil gaiteiros a la toma de posesión de Fraga.

En fin... Lo importante es que vuelve a llover y lo hace con mala leche. Me acerco a ver a Chumbawamba y su show de disfraces y desmadres poperos. Me hacen reír con la puesta en escena de "I'm in trouble again" o "Jesus in Vegas", con una vocalista disfrazada de monja que no hace más que beber y con un cura con alzacuellos tratando de hacer proselitismo. Son graciosos y activos, muy adecuados para salir de la hora de la siesta.

Me cambio de carpa y escucho un rato a Neurotics, pero, ¡uff!, esto se parece poco a lo que pensaba encontrar. Hace relativamente poco tiempo que la persona de promoción de EMI me decía que eran buenísimos cuando esta isma discográfica reeditaba el debut de los asturianos, aparecido unos cuantos meses antes en Astro. Ahora resulta que EMI les ha dado boleto y que su segundo disco no saldrá en esa etiqueta. Siguen en la órbita de las multinacionales, pero al menos hasta el año que viene el grupo no tendrá nueva entrega. Será, además, en castellano, con temas como "Tú y yo", "Nadie dice nada" o "Una vez más", canciones que presentaron en el "Doctor Music" y que evidencian una mayor blandura y falta de consistencia. Puede que dichas piezas estén aún por rodar, pero yo disfruté más con los "Without you" o "Inside" de su primer álbum.

En el escenario grande abren hoy M-Clan, quienes llevan un poquillo de retraso y han de lidiar con una fina lluvia que, quieras que no, influye al que está parado. Los Clan no se mueven demasiado de lo que han venido ofreciendo en sus últimos pasos por Madrid y piezas como "Chilaba y cachimba", "Eres funky" o "Quédate a dormir" abren un show que contará todo el rato con la frialdad de la mayoría del público. "Despierta", "No quiero verte" o "Donde el río hierve" suenan bien, pero da la impresión de que la gente sólo se despierta cuando llega el "Llamando a la tierra", la versión de Steve Miller que se ha convertido en uno de los temas del año.

Por la carpa del "Buffalo" está pasando una buena colección de metálicos, desde Ktulu hasta Dream Theater con Hamlet en medio. Yo prefiero ver a Gomez, a los que todavía no he escuchado en directo, pero no sé si he acertado. Tocan bastante de su "Liquid skin" ("Hangover", "Las Vegas dealer", "R'n'b alibi"), pero su set me parece sumamente irregular y no termino de engancharlo con disfrute. Unas veces muestran canciones excelentes y otras el asunto coge un derrotero en el que mis orejas no se sienten a gusto. Me extraña que un pop tan denso esté llenando la carpa con riadas de gente que entran de repente, pero en un momento me doy cuenta que lo que ocurre es que afuera está lloviendo a mares.

Como la actuación de Lou Reed se retrasa aprovecho a ver a Nosoträsh, banda que no me dice nada especial pero a la que no he visto nunca en directo. Busco la sorpresa, pero no la encuentro. Cosas como "Chico escaparate", "Rara sensación" o "Voy a aterrizar" se me antojan como una mezcla de la música infantil de "Un globo, dos globos, tres globos" y lo más kitsch del Festival de Benidorm. Admito que haya a quien le guste porque, en el fondo, tiene su gracia y su ritmillo, pero a mí me suena todo tan pasteloso que soy incapaz de disfrutarlo. Ellas se alegraron de la lluvia: "Nuestras plegarias han sido escuchadas. Lo sentimos, Lou", dijo su vocalista en un momento del show.

Supongo que tarde o temprano les daría igual porque Reed, cuando empezó, lo hizo estupendamente. Ya es imposible quitarle esa cara de palo y esos desplantes que parecen engendro natural, pero el repertorio que marca en esta gira y que se nutre básicamente de material de su reciente "Ecstasy" se ofreció mucho más pulido que en su anterior paso por Madrid. Canciones como "Paranoia key of E", "Modern dance", "Future farmers of America" o "Tatters" se combinaron con algunos recuerdos a "New York" y con joyitas tipo "Sweet Jane" o "Perfect day" que dejaron un sabor de boca de lo más dulce. Era, sin duda, la mejor actuación de un día que, de momento, no había deparado grandes cosas.

Aún quedaba una espinita y era el hecho de que el retraso causado por la lluvia en el escenario grande y la gran duración del show de Lou iban a hacer coincidir los conciertos de Leftfield y Dover.

Aquí no había nada que elegir. Dover eran los cabezas de cartel del "Doctor Music" y ellos solos venden más discos y entradas que el resto de los artistas del festival juntos, cosa que se notó en el poder de convocatoria. Bien entradita la noche abrieron con "Seawitch" y se marcaron un concierto en el que al menos quince de las veintiuna canciones que ofrecieron pueden considerarse himnos. "Devil came to me", "Spectrum", "Flashback", "Late at night", "Serenade", "Judas", "Cherry Lee", "DJ"... cada una de ellas era coreada por un buen número de público mientras que otro montón tenía ya el cuerpo congelado por dentro gracias al jersey empapado que lucían.

En los bises hubo un amplio recuerdo para su segundo álbum con "Rain of the times", "Winter song" y un "Loli Jackson" que se ha convertido, con el tiempo, en la canción emblema del grupo. Quedaron bien, sonaron bien y conectaron con la gente aun cuando más de uno empezaba a añorar la sensación de cobertura de las carpas. Al final del concierto, sin venir a cuento, los dos chicos de la banda aparecieron desnudos y tirados por el suelo. No sé si entenderlo como una apuesta que se traían entre ellos o como una influencia de los vídeos de los Pet Shop Boys del primer día.

Leftfield estaba terminando y Freak XXI ya había cerrado la carpa "buffala", por lo que sólo quedaba Fangoria antes de dar paso a los DJs nocturnos. Me pareció poca oferta ante una ducha caliente y una cama limpia, por lo que, enfilé la carretera y caminé los diez minutos que me separaban de la parada de autobús.

¿Resumen? No encontré fallos en la organización (excepto el tema de los servicios) y, como había poca gente con respecto a lo preparado, todo fue muy cómodo. No tenías que hacer colas, todas las actuaciones las podías ver desde muy cerca y había espacio de sobra para que se metiera todo el mundo cuando la lluvia apretaba. La gente que estuvo trabajando me pareció, sencillamente, estupenda, siempre con la sonrisa en la boca y entendiendo perfectamente lo que es el trato amable con la gente. El público, por su parte, estuvo también magnífico y los incidentes más importantes no pasaron de caídas y de la pelea de la gente de Biohazard.

Lo único criticable es que no se pueda encargar el tiempo para estas ocasiones. Puede que la lluvia afectara bastante al ánimo con el que el público se tomó el último día, ya que la temperatura bajó considerablemente. En un plano más práctico sí que sería positivo revisar la política de precios para una próxima edición: hace falta mucho y muy buen cartel para justificar un gasto tan importante en sólo tres días.
para Todas Las Novedades
Magazine dedicado al mundo de la Música

Crónicas relacionadas

SOS Estrella Levante 4.8 (II) en Murcia

May Fernández  | 05/05/2010

SOS Estrella Levante 4.8 en Murcia

May Fernández  | 04/05/2010

Fito & Fitipaldis en Gijón

Jonathan Pérez del Río  | 02/03/2010

Viña Rock 2003 en Villarrobledo

Esteban Pérez  | 04/06/2003

Festival Serie Z en Recinto IFECA

Esteban Pérez  | 16/10/2002

Espárrago Rock 2M2 en Granada

Esteban Pérez  | 11/09/2002
0 comentarios
Añadir un nuevo comentario
Título
Nombre de usuario *
Correo electrónico *
Sitio web
Comentario *
Publicidad

Crónicas más leídas

Xacobeo 2010 - O Festival en Santiago de Compostela

Monte Do Gozo
Jonathan Pérez del Río  | 01/10/2010
Es norma general alabar con suma facilidad a esas bandas de la élite, denominadas GRANDES, y ensalzar sus directos, directos que ya se ensalzan (por si solos) gracias a una parafernalia fuera de lo común. Lo fácil pues, es hacer lo propio, y narrar el concierto de Muse como una hipérbole en sí mismo, y de esa forma, cumplir con el trámite. No esperen eso de un servidor, pues no todo será de color de rosa.

Mark Lanegan en Madrid

The Bane  | 20/05/2010

Lori Meyers en Valencia

Andrés Collado  | 26/05/2010

Musikeo en Ribadeo

Jonathan Pérez del Río  | 26/08/2010

Airbourne en Madrid

Ángel Garrido  | 27/04/2010